agosto 14, 2009

Hija de Jeanet Moreno QEPD "De la Tauromaquia a la política"

Laura Juliana Soto Moreno, hija de nuestra querida Jeanet Moreno, asesinada hace más de cinco años por las Farc en el Qundío, protagoniza un interesante artículo publicado en LA CRONICA DEL QUINDIO, donde resalta la superación de la desolada familia, especialmente la de Laura, que reproducimos y compartimos a continuación:

"Un fulgor infantil aún se asoma al balcón de sus ojos, tan limpios como los propósitos que la han traído a la plaza de Bolívar; sonríe ante los comentarios de las pocas personas que se atreven a expresarle de manera abierta su solidaridad. Me he detenido también ante el paredón que conforman los dos niveles del edificio de la gobernación del Quindío. Leo el cartel, hecho de un pliego de papel periódico blanco, escrito con su letra de colegiala aplicada, y pienso que sobre la conciencia colectiva de miles de quindianos, la sensibilidad que tiene esta adolescente de catorce años debería pesar tanto como el palacio de gobierno que aún permanece de pie, frente a nosotros, a pesar del terremoto del Eje cafetero.

Es el segundo enero del nuevo siglo, tres años luego de que la tierra brindó, a su manera, una destructiva y dolorosa despedida finisecular. Es un aniversario mortal que coincide con el cumpleaños de ella. Ahora más que antes la ciudad herida necesita una mayor dosis de pan y circo. Para lo último se ha reabierto el antiguo Circo-teatro El Bosque de Armenia, y por eso Laura Juliana Soto está ahora pegando otro cartel que denuncia la crueldad de las corridas de toros, como las que entre vastas dosis de licor, sol, sangre y arena, se celebrarán en plena reconstrucción.

Su precoz entereza, sensibilidad e iniciativa de ahora, la convertirán en la pionera y difusora de un sentimiento colectivo, a pesar de que ya el movimiento contra la tauromaquia tiene un holgado número de adeptos en la región. Aún está en vacaciones escolares del Colegio San Francisco Solano, y ha permanecido sola y desde temprano en la Plaza de Bolívar de Armenia. Sin que deje tambalear su ánimo, también reparte fotocopias de una columna escrita por Daniel Samper Pizano en el periódico El Tiempo. Al igual que muchos comunicadores y asociaciones humanitarias, el periodista ha cuestionado también en una de sus columnas la llamada fiesta brava. La solitaria protesta de la muchacha comienza a ganar adeptos, y es así como consigue reunir un grupo que, días después, se planta con valor ante la misma plaza de toros. Llegan entonces los medios, atraídos por el inusual acontecimiento que cargado de consignas, como “La muerte y la tortura no pueden ser cultura”, ha logrado sacar a flote esa otra mirada, una diversa opinión ciudadana. Laura Juliana encara entonces las entrevistas mediáticas y es invitada a colegios, al Sena y a la Universidad del Quindío. Lo suyo no es, no será, una calentura adolescente.

Al borde de su quinceañez, cuando aún no había pensionado a sus muñecas, nuestra niña ya era un ser comprometido con lo social, que extendía su solidaridad hasta el terreno de las artes escénicas. Hammer Soto, su papá, para entonces trabajaba en la Procuraduría Regional del Quindío, mientras que Jeanet Moreno, su mamá, hacía parte de un grupo llamado Futuro Colombia, de la Fiscalía General Seccional Quindío, que desarrollaba trabajos de sensibilización y prevención del maltrato intrafamiliar y el abuso sexual con la población vulnerable. Dentro de ese grupo, con sus hermanos menores Luis Carlos y Luisa Fernanda, actuaba en una obra de teatro cuyo objetivo era influir en la mentalidad de los niños para sensibilizarlos sobre el tema implementado desde el ente acusador.

Laura Juliana, además de luchar contra el maltrato animal con el ideario antitaurino, practicar deportes, actuar en un grupo de teatro de Fundanza y en diversos eventos culturales, se encarretó con la organización Redepaz de Calarcá, con la cual adelantó talleres acerca de Derechos Humanos para niños y jóvenes.
Cuidándonos de caer en la redes del determinismo; de creer que lo escrito, escrito está, o que algunos fatales acontecimientos son misterios insondables del destino, con los dientes apretados hemos sido impotentes testigos ante la desgracia que tiende a ensañarse justo con aquellos seres que hacen de su existencia causa y bandera contra el dolor de los demás.
Hammer Soto Londoño, padre de Laura, es vástago de una tradicional familia del municipio de Córdoba Quindío, epicentro del nefasto suceso telúrico. Ha sido trasladado de Bogotá para Armenia, donde fija su domicilio. Ha regresado con su esposa e hijos a reencontrarse con el Quindío que añora a mañana, tarde y noche. Al igual que centenares de familias, el sismo del 25 de enero lo ha forzado a cambiar de residencia, por lo que vuelve a vivir en su pueblo natal, y luego en Calarcá, a tiempo que acomete la refacción de la casa que tiene su finca. Hoy es una jornada especial, de fiesta en campos y veredas: veinticuatro de octubre de 2004, Día del campesino. Luego de asistir a algunos eventos en el colegio de la vereda, la familia Soto emprende el rumbo a la finca en su fiel campero que no se intimida con la lluvia rutinaria de octubre.

Son tres las figuras uniformadas que la cortina del aguacero permite vislumbrar en la noche, y que tras hacer detener el carro les ordenan bajar e identificarse. Con la identificación y el inquirir sobre la ocupación de Hammer y Jeanet, ellos imparten la perentoria orden de presentarse ante su comandante. De inmediato, padres e hijos advierten que ninguno tiene bordado al uniforme el apellido. La mirada colectiva de la familia Soto se enfoca en el calzado de los uniformados, y entonces se refugian en la casa de la finca, ante la apabullante visión de las botas de caucho que calzan quienes ahora serán sus captores. Luisa Fernanda, Luis Carlos y nuestra Laura entran presurosos a la casa, mientras afuera Hammer y Jeanet le dan explicaciones sobre sus quehaceres a los camuflados, a tiempo que se niegan a abandonar la finca y a obedecer el mandato de sus aprehensores.

“Sentimos un trueno al unísono con una ráfaga de fusil. Con horror y de inmediato salimos, y entre los gritos de mi papá, tirada en el piso estaba muerta mi mamá”, habría de contarnos cinco años después la niña que sacrificó su muñequero en aras de la no-violencia, teniendo el tiempo como bálsamo cicatrizante.
Los victimarios, tras asesinar a sangre fría a Jeanet, y herir de muerte a Hammer de manera cobarde y por la espalda, pausadamente, con la tranquilidad que les confería el feroz aguacero y la certeza de saberse impunes, se enrutaron hacia la montaña.
“Busqué ayuda para poder llevar a mi papá al hospital pero como nadie sabía conducir, él mismo tuvo que manejar el carro desde la finca hasta el pueblo para llegar a urgencias. Esa misma noche el CTI de la Fiscalía, en donde trabajaba mi mamá, acudió en nuestra ayuda a la cabecera municipal de Córdoba; remitieron a mi papá al hospital Central en Armenia, y allí le practicaron una cirugía de emergencia. Mis hermanos y yo nos quedamos en la vereda, en la finca de nuestros tíos, atentos a lo que pasara con el cuerpo de mi mamá, ya que no se le había practicado el levantamiento respectivo”.
El padre consiguió sobrevivir al atentado y recuperarse poco a poco, pero ante el peligro que implicaba la permanencia de él y sus hijos en el Quindío, al final del año lectivo se regresaron todos para Bogotá. La Procuraduría trasladó a Hammer a la sede central, y desde entonces trabaja en la Delegada para Contratación Administrativa.
Mediante la investigación, el CTI de la Fiscalía pudo establecer con certeza que los tres asesinos, identificados en su momento por las víctimas, eran guerrilleros del Frente 50 de las FARC, el mismo que por demasiados años ha ensangrentado al Quindío. Un certero operativo del Ejército dio de baja a dos de los homicidas, en tanto que el tercero logró escapar, y aún es buscado por ese y otros delitos.

La familia Soto se reubicó en la capital, y mientras Luisa Fernanda y Luis Carlos reanudaron sus estudios en el Colegio Americano, Laura Juliana encontró en las ciencias políticas una manera profunda de resolver los millares de preguntas surgidas en su sensible orfandad, y como víctima y parte de un conflicto que para el gobierno de su país no existe. Por estos días, distanciados a cinco años del aciago 24 de octubre de 2004, que los marcó para siempre, la familia Soto está a punto de celebrar el grado de politóloga de la Universidad Javeriana de aquella niña antitaurina que, en su esplendor adolescente, pegaba y pegaba carteles en la plaza de Bolívar de Armenia. Luis Carlos, su hermano, cursa con éxito el cuarto semestre de Zootecnia en la Universidad Nacional, mientras que la niña menor, Luisa Fernanda, avanza en el décimo grado de bachillerato. Por su parte, a Hammer Soto, prisionero de la rutina y la encementada jungla bogotana, en el edificio de la carrera quinta con calle quince, lenta e inexorable ha comenzado a rondarlo la jubilación: todo un esperado grito de libertad en medio del silencioso dolor que lo visita a diario, desde la muerte de Jeanet, su adorada esposa.
Y volvemos a centrar nuestra grafía en la acuciosa muchacha antitaurina, cuyas inesperadas vivencias obligaron al cronista a saltar de la arena ensangrentada en tarde de toros a la turbia escena del acontecer sociopolítico de una Colombia enferma y contagiada de todas las crisis económicas, desempleo, corrupción, violencia, crímenes de Estado, injerencia imperialista y toda suerte de paranoias del ejecutivo.

Laura Juliana, fiel a sus convicciones y su obcecada costumbre de emplearse a fondo en todo cuanto emprende, visitó nuestro departamento en el pasado junio. Con tanta holgura cumplió el propósito de su retorno al Quindío que ahora, a tiro de as de su graduación como politóloga, lo expresa así: “Mi interés y amor por el Quindío me impulsaron a realizar mi trabajo de grado aquí. En el primer semestre de 2009, adelanté una tarea de investigación en el departamento, acerca de la relación entre la violencia ejercida por el narcotráfico y la guerrilla, con el control estatal y político en la región entre los períodos de 2002 y 2008. Durante dos meses hice la labor investigativa, y luego me dediqué a su redacción. Este trabajo ya fue sustentado, aprobado por el jurado de mi facultad, calificado con 4.5, y propuesto para mención honorífica”. Con absoluta seguridad, pensamos, obtendrá la merecida mención, que traerá satisfacción y orgullo a la familia Soto Moreno, además de quienes la conocimos desde aquel cada vez más lejano año del terremoto.

Aún así, inmersa en sus formulaciones de politóloga a punto de melao, sin soslayar su actividad contra la barbarie taurófila, ni los roles en las cinco obras de teatro donde actúa con el grupo de teatro de la Javeriana, acompañada de un cómplice amigo, a quien presentimos un auténtico nerdo , Laura Juliana adelanta, bajo la tutela de los curas jesuitas, una fatigosa tarea que compromete aún más su tiempo:
“Este semestre estoy cumpliendo el requisito de la práctica con el Servicio jesuita para Refugiados (SJR). Esta organización trabaja en Soacha con personas en situación de desplazamiento forzado, los asesora en trámites administrativos y judiciales, y además los acompaña en su proceso de recuperación. Mi compañero de práctica es un historiador, y entre los dos hemos adelantado un trabajo de reconstrucción de memoria histórica con la población en situación de desplazamiento”.
La experiencia conseguida en la interacción con los desplazados de Soacha, la tarea investigativa, han conducido a Laura Juliana a sopesar el conflicto armado desde una posición que intenta ser por completo neutra, y sin involucrar su sentimentario en ninguno de los grupos armados. Sabe que paramilitares, guerrilleros y soldados conforman el conflicto armado del cual sus principales víctimas son miembros de la población civil. De igual modo desaprueba la política guerrerista pública, que consigue la inclusión de toda la población civil en la confrontación armada y la fuerzan a tomar partido por alguno de los grupos en guerra. En esta mirada está implícita la posición política, valiente e irreductible, que nuestro personaje ha plasmado en la frase que sirve de puerta de entrada a esta crónica.

Para Laura Juliana resulta primordial “… dejar muy en claro que, a pesar de que fuimos víctimas de un frente guerrillero, mi postura es en contra de cualquier grupo armado que ataque indiscriminadamente a la población civil. Las víctimas del conflicto armado tienen en común el haber sufrido en carne propia las tragedias de la guerra. Y sin que importe si sus victimarios fueron guerrilleros, soldados o paramilitares”.

Alcanzados los veintiún años; enfrascada entre los complejos asuntos de la política, entendida como ciencia, no como trampolín hacia un estado de privilegios; partícipe de una lucha contra la tortura animal que apenas comienza a fructificar, la gallarda niña de la Plaza, lejos de la sumisión a eso que millones de sus congéneres exaltan como ideal de vida, lo in, el tener sobre el ser ; luego del intento de bucear en las profundidades conceptuales que habitan esta muchacha, creo compartir con el Quindío la anhelada convicción de que ella habrá de ser, inexorablemente, y al igual que un puñado de jóvenes quindianos que utilizan el cerebro como debe ser y es preciso que sea, la inyección de sangre nueva, honrada, pensante y diligente que nuestro vergonzoso acontecer regional ha reclamado por años y a gritos".
Escrito por Libaniel Marulanda en LA CRONICA DEL QUINDIO

3 comentarios:

homenaje dijo...

Sentimientos de gratitud por la labor de Juliana Soto en favor de la Paz. Juliana es orgullo de la juventud Colombia.

sailoves dijo...

Juliana es un ejemplo para muchos jovenes que solo llenan su corazon de odio y resentimiento en esta guerra absurda, ella sigue un legado de amor y de respeto a la naturaleza; su mamá trabajó muy duro no solo en el CTI sino en su familia, eso no se olvida.

jhon jairo salinas dijo...

un saludo muy especial de jhon jairo salinas de redepaz quindio a lauirita lamentable lo sucedido asu señora madre.es lamentable que bajo la apocalipsis de la guerra fraticida en colombia sucedan estos echos tan lamentables a personas inocentes como lo sucedido en este caso.
que nuestras mujeres en colombia no sean mas botin de guerra basta ya las mujeres tendran que parir hijos para la paz y no para la guera. y que algun dia en este rugidero de muerte nos podamos regalar una flor y un abrazo , y ese abrazo y la flor son para ti laurita salinas el guacamayo